Las cartas físicas, aún resisten al tiempo.
Pero las que más importan, son las cartas escritas con el corazón.
Retomar esa vieja e inocente costumbre, la que durante nuestra niñez anhelábamos cada comienzo de año.
Y es mucho más que el hecho de pedir un regalo.
Ya vivir, es un hermoso presente.
Y lo que sale desde la profundidad de quien tiene contacto directo con su niño interior, se permite jugar.
Un juego de cartas donde los reyes son los que mandan.
Y su poder, está en seguir manteniendo este mágico ritual.
La magia atraviesa tiempos y etapas.
Creer, por sobre todas las cosas.
Creer en uno mismo y en Dios.
Y que las palabras que pongamos en ese papel, tengan el sentido divino.
La hermosura de espiar a ver en qué momento de la noche van a llegar.
Tratar de visualizar por dónde van a entrar.
Y el arbolito como testigo, siempre tiene espacio para un obsequio más.
Y cuando la adolescencia nos toma por sorpresa, hacer lo posible para proteger ese secreto.
Los valores que se heredan se eternizan en nombre de la fe.
Y siempre es agradable hacernos un tiempito para mirar hacia el cielo y hablar con el alma.
Que las palabras dichas y escritas, incluyan la salud de los seres más queridos.
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#MarianoSantoro 羊
