Hoy me puse a recordar aquella vez que fuimos a los lagos de Palermo.
Caminamos una barbaridad hasta llegar allá, pero la charla se hizo tan entretenida, que se nos pasó pronto.
El cansancio, nos hizo sentar lo más cerquita del agua.
Y por un ratito, nos quedamos en silencio.
La mente, tenía que procesar muchas cosas que nos estaban sucediendo.
Esa mezcla inocente entre amor, pasión y no sé qué más, porque cuando uno es niño, no conoce de esos temas.
Sabía que te quería y creo que vos también a mí.
Nos unía esa magia llamada amistad.
Vi que tus ojitos comenzaron a empañarse y me salió natural de abrazarte.
Tu cabeza se apoyó sobre mis hombros y sentí que estaba haciendo las cosas bien.
Que te generé confianza y que en algún momento de esa tarde otoñal, me contarías.
Y no importaba si el problema era gigante, porque yo haría lo imposible para ayudarte.
Nos quedamos viendo hacia unos patitos que jugaban y hubiésemos jurado que entre todos, formaron un corazón.
Nos miramos y nos reímos a carcajadas.
Sobre tu estado de ánimo; ya quedó atrás, en aquél pasado de nuestra infancia.
Hace mucho tiempo que no te veo y aunque el diálogo aún está presente; la ausencia física se nota y hace ruido.
No voy a preocuparte, pero hay días en que no todo está del lado correcto.
Ya no tengo lágrimas y tampoco estoy triste.
Pero siento que me haría bien estar un ratito en tus hombros.
💜
#MarianoSantoro 羊
