La calle puede estar inundada de personas.
La gente, caminando o corriendo y muchos sin rumbo fijo.
Otros paresurados disfrutando de su rutina y creyendo que eso es la vida.
Muchos, se levantan y salen en búsqueda de algo que los renueve.
Entre tanta velocidad, chocan y se olvidan haste de pedir disculpas.
Los valores han quedado en algún recuerdo familiar.
La ansiedad ha tomado control de estos seres que pululan.
Es probable que varios, no encuentren salidas a la vista y se enrosquen en los problemas.
Hay demasiados laberintos que no son para jugar.
Y perderse, se está haciendo una insana costumbre.
Y se le suma uno de los flagelos más grandes, ese que nos desconcierta.
Una multitud de soledades que creen que hasta ahí, llegaron.
Que no hay nada más y sólo, dejan que el reloj de arena siga cayendo.
La comunicación se ha vuelto un desafío gigante.
Dialogar, es algo para unos pocos privilegiados.
Conversamos con el espejo, imaginando que en algún momento y en algún día especial, llegará alguien.
Y nosotros debemos ser nuestra mejor compañía.
Aprender a valorarnos y rodearnos de felicidad, porque hay, existe y está cerca.
Ojalá que todos compartan un pequeño momento de privacidad, para que la soledad, sólo sea algo pasajero en este viaje.
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#MarianoSantoro 羊






