jueves, 27 de febrero de 2014

La primer mañana

La primer mañana es encontrarse con el guiño del sol que nos despierta y a su manera, nos hace saber que todo está bien.
Ese abrir de párpados y sentir la paz interna es gracias a que hace un tiempo, tuvimos un ayer y le fuimos sumando cositas; soñamos y empezamos a ver cómo hacerlo real.
Esa loca idea comenzaba a tener forma y las consecuencias, no les dimos importancia, porque creímos en nosotros y en lo que sentíamos.
Era el momento de empezar a recorrer las calles, de ver, de observar mucho más, ya que en parte, nos habíamos estancado y sabíamos que lo que más queríamos hacer, era avanzar, era creer y creímos.

Y hubo noches, hubo oscuridad y algo de nervios; pero en nuestro interior, la serenidad se mantenía.
Y ese ayer fue dando paso al hoy, porque luego de dejar de buscar, encontramos lo que Dios tenía reservado para nosotros; un hermoso presente.
Y el hoy se disfruta, se vive y se lo experimenta como algo único.
Una ducha de realidad y alegría nos invade.
Una gran lluvia de sensaciones aparecen y se quedan, ya que estaban en lista de espera.
Y es el sol quien nos seca, quien nos da ese calorcito para despertarnos y levantar la autoestima.
Y ese mismo hoy es el que se vive cada hora con placer.
Y se hace mañana; el tiempo futuro que es el que comenzó a ser verbo.

Una mañana agradable, con pensamientos acordes que están en armonía.
Una gran liberación de presión interna que se había acumulado y ya dejó de ser, ya cumplió su ciclo para dar paso a uno nuevo y mejor.
El corazón ya percibía que algo estaba por llegar.
Las puertas se abrieron porque usamos la llave del corazón y de ir por lo que estaba reservado para nosotros.
La primer mañana es sonreír, porque una nueva etapa ha comenzado y la renovación de energía ya es real y está aumentando de nivel.
Salimos y vemos diferente, porque le sumamos las ganas de ver mucho más, de darle espacio a lo que corresponde guardar y dejar ir lo que ya no sirve.

Y en esta mañana, la que acompaña al día de hoy, es comenzar, es seguir y es creer que todo llega cuando le ponemos amor a lo que hacemos.
Amar la primer mañana es quererse a uno mismo y saber que hay mucho más por delante.
Y me abrazo a ese sol profundo, porque me abrigará cuando lo necesite.

MARIANO SANTORO

domingo, 23 de febrero de 2014

Una vida redonda

Una vida redonda.
Un ciclo eterno donde estamos unidos por la conexión del amor.
Un planeta que nos refugia y una vida ofrecida por Dios para acompañarnos en el camino.
Un grupo de jóvenes unidos por el lazo de la esencia verdadera.
Inocencia que da paso a la experiencia.
Sabiduría del corazón.
Miradas con un destino fijo.
Abrazos que fortalecen y nutren nuestro ser.
Una vida redonda, un sinfín de caminos que a la vez, hacen uno solo.
Cerrando el círculo de la amistad y abriendo el cariño que crece a través de los años.

Y la naturaleza es sabia, porque con su duro aprendizaje nos permite reencontrarnos.
Un encuentro con nosotros mismos y con lo que sentimos.
Dejamos salir algunas lágrimas motivadoras porque el alma tiene dolor de una pérdida, pero el encuentro es lo que une cuando hay algo quebrado.
Historias que escuchamos con ganas de querer saber más.
La alegría de poder ver más allá de lo que ven nuestros ojos.
El alma siente que era momento de encontrar a sus pares.
Porque para una vida entera y completa, deben estar todas las piezas unidas.
Fuimos sembrados con buenas semillas que Dios ha sabido plantar.
Y crecimos interiormente y somos parte del gran árbol de la sinceridad.

Las ramas emocionales saben extenderse hasta alcanzar a quien lo necesite.
Una vida redonda, donde las pequeñas anécdotas hacen un gran pasado y hoy, son las que miran hacia un futuro.
Y nos volvemos a ver y miramos el corazón que creció sano y aprendió las dificultades de la vida, las que nos hacen crecer y mirar hacia esa luz que nos guía.
Una estrella hermosa que ya comenzó a brillar nuestro camino, porque nació para dejar huellas a sus almas amigas.
Una vida redonda que nos lleva a nuestros comienzos y nos une para seguir creciendo.
Hay amor, hay deseos, hay sentimientos y hay amistad sana.
Hay fe y hay un Dios que nos da un mensaje que solo el corazón entiende.

Un rosario de emociones que afirman el lazo que nos mantiene eternamente.
MARIANO SANTORO

jueves, 20 de febrero de 2014

Signo de amor

Signo de amor, son las señales que marcan los sentimientos.
El máximo símbolo de las emociones que salen del corazón puro.
Hemos transitado caminos donde había rastros para que podamos guiarnos.
Huellas que eran una referencia para saber cuál era nuestro rumbo.
Y el amor estuvo siempre en nosotros.
Ese signo de amor que lo transmitíamos y lo ejercitábamos con las personas más allegadas, a modo de aprendizaje.
Nuestro carácter modificaba a través de que lo exteriorizábamos.
Comenzamos a creer en nosotros y en que había un hermoso destino al cual teníamos que dirigirnos.
Una señal había llegado y era ese signo de amor que tanto anhelábamos.

La conjugación de verbos siempre daba en plural y la felicidad, ya estaba instalada.
Signo de amor es lo que nos permitimos perfeccionar en cada detalle hasta que nos agrade.
Aprendimos que los gestos, aunque aparentemente parezcan simples, son los que quedan y conocen el camino para quedarse a vivir en nuestro corazón.
Queremos eternizar los momentos que vivimos y nos dejamos guiar.
En las calles de los sentimientos profundos, hay un gran signo de amor y es quien nos sabe conducir y al ser pacientes, nos dejamos llevar, porque el viaje que ya comenzamos, lo vamos disfrutando a cada segundo.
Y otra vez el tiempo que no son solamente horas, sino que pertenecen a estados donde podemos jugar mentalmente hasta hacerlos que estén de por vida.
Y las mañanas que son amaneceres donde despertamos a la vida y nos volvemos a encontrar con el signo de amor y vemos que crece, que siente y tiene mucho para dar.

Y lo protegemos como una caja de cristal, porque la fragilidad es también dureza porque el amor está afianzado, tiene experiencia por haber amado y todo lo que dimos, sigue estando en nosotros ya que nos renovamos y reforzamos lo que pasó, sabiendo que siempre hay algo mejor y hacia allá vamos.
Porque el signo de amor es para lo que hemos nacido; para descubrir lo que veíamos como misterio y al acercarnos más y más, nos invadió la plenitud de saber que amar es simple, que los secretos los hacen las personas, pero el verdadero signo de amor, fluye natural, crece como un árbol y nosotros somos a la vez ese árbol que aprende y sube y tiene una meta fijada hacia el cielo y cada lugar donde el amor real quiera vivir.
Aunque la casa adonde pertenece, está en nuestro ser.

Signo de amor, signo de belleza.
Bello amar, bello besar, bello confiar.
Precioso destino es el viaje interno.
Signo que deja tatuaje.
Amor, para alimentarlo con lo mejor que Dios nos pueda dar.
Dar y volver a amar.

MARIANO SANTORO

miércoles, 19 de febrero de 2014

El tiempo de Dios

Han sido muchas las veces en las que quisimos ganarle a la ansiedad y quisimos que las cosas sucedieran ayer.
Nos hemos dado cuenta que veníamos haciendo las cosas correctas y de la mejor manera para nuestro bienestar y las dudas se hacían presente, ya que no recibíamos lo que anhelábamos.
Creímos que ya eran suficientes las pruebas y no llegaba nunca el ascenso tan preciado.
El cuerpo ya manifestaba dolencias significativas y la situación no era la querida.
La cabeza, se encargaba de fabricar una gran cantidad de preguntas que nos hacían parecen que las soluciones, no se harían presente jamás.
Aparecían palabras que las queríamos bien lejos de nosotros y otra vez, nos sentíamos desvanecer, porque no se cumplían nuestros sueños.
Y en ningún momento, dejamos toda esa confusión para comprobar que el tiempo de Dios, es diferente al humano.

La verdadera voluntad viene de nuestro padre celestial; no de nuestra ansiedad.
El paraíso no es lo que deseamos, sino que ya es parte de nosotros, como la felicidad, que no está en ningún lugar físico, sino que es interno, como el gran viaje para el autoconocimiento.
La sabiduría no se obtiene con caprichos, sino que dejar obrar a Dios y que él decida cuándo es el tiempo correcto.
Y todo lo que realizamos y no se cumple, es porque aún no es la hora y que algo mejor está reservado para nosotros.
No es como creer que por tener hambre y meternos a comer en cualquier lugar, saciaremos el hambre; porque el apetito real, es el alimento del alma y la manera en que la vamos llenando.
Los vacíos emocionales nos apartan de muchas cosas.
El mirar hacia el pasado y no ver lo que tanto queríamos, no cambiará por sí solo; sino que la modificación tiene que ser definitiva, no en partes o cuotas.
Y ese mismo pasado no tiene ninguna culpa y nosotros tampoco; porque todo lo que se vivió, fue para aprender y aunque creamos que las materias han sido demasiadas, en algún momento de nuestra
vida nos servirán, porque todo queda grabado en nuestra mente y una gran tarea, es ir categorizando lo que creemos valioso y que nos pueda permitir seguir creciendo espiritualmente y desde nuestra humanidad, entender que el tiempo de Dios, es lo único importante.
No es sano revolver lo que se ha vivido y dejó malos recuerdos; el camino que está por delante, tiene muchísimas puertas con nuevas oportunidades y si somos pacientes y esperamos el tiempo de Dios, nos llegará el premio merecido.
El tiempo de Dios es todo lo contrario a los nervios que nos provocamos por querer que todo salga cuando nosotros queremos.

Hay un plan maestro y no somos los creadores y es bueno tenerlo en claro.
Cuando el corazón siente alegría y el alma se llena de satisfacción y toda una energía limpiadora y sanadora nos invade y contagia, es cuando el tiempo de Dios ha llegado.

MARIANO SANTORO

jueves, 13 de febrero de 2014

Desde el amor

Desde el amor, es donde mejor nos comunicamos con todos nuestros sentidos.
El amor es la llave que abre cada camino que se presente.
Es lo que nos transporta; lo que nos hace expresar el verdadero sentir, el de la esencia, el de nuestra luminosidad.
El amor es lo que alimenta nuestro ser y nos motiva a seguir queriendo y amando lo que hagamos, ya que cuando lo que hacemos sale desde el corazón, lo positivo es el reloj que marca cada paso a dar.
Desde el amor es cuando se obtiene una visión de serenidad en cada acto; incluso en el mayor acto que puede hacer el ser humano, que es exteriorizar lo que ama y lo demuestra naturalmente y sin temor a lo que suceda, ya que el amor que se expone es puro, como lo es el amor real y genuino.

Desde el amor que emanamos es cuando la paz llega y se suma al alimento necesario para una mejor calidad de vida y de amar.
La única cantidad importante es la de demostrar el amor que sentimos.
Una carta, una frase, un mensaje, un poema, una acción.
Una flor, algo hecho por nosotros, un libro, un paseo, una cena.
Un abrazo, una larga charla telefónica, compartir un secreto, festejar un logro, celebrar un sueño hecho realidad.
Un gesto, una palabra justa, una mirada cómplice.
Demostrar que pueden confiar en nosotros.
Desde el amor, es cuando mejor nos comportamos; porque vemos todo agradable y al manejarnos honesta y sinceramente, todo fluye con el poder del amor.

Esa gran fuerza con el poder de hacer que las personas mejoren y cambien sus actitudes.
El gran misterio que nos vuelve a la inocencia de la pureza.
Un espacio eterno para que nuestro niño interior juegue y ame todo lo que se acerque.
El mismo amor será el encargado de proteger a ese niño; porque el mundo es complicado, pero cuando nos dejamos guiar por el amor, los problemas se diluyen; lo malo, se va desvaneciendo y todo lo que intente hacernos mal, será alejado.
Desde el amor, la tristeza muta en alegría y el perdón está a nuestro alcance.
Desde el amor, el verdadero amor, nos limpiamos y sólo dejamos lo que embellece nuestro ser.

MARIANO SANTORO

domingo, 9 de febrero de 2014

Reflexiones

La fe es una solución y somos poseedores de esa llave.
Muchos acuden a la fe en momentos de debilidad, pero siempre debemos mantenerla en alta, como nuestra autoestima, como nuestros valores.
Es importante saber que el viaje es interno y que la sabiduría el acercamiento a Dios.
Los problemas pueden ser muchos y la confusión puede molestar, pero al alejarnos de ese problema y verlo como una solución que aún no llegó, le quitamos peso y nos alivia la mente para poder lograr nuestros objetivos.
Tratemos de llevar una vida con buen trato con los que nos rodean y ser sinceros con nosotros mismos.

Mucha gente se la pasa buscando y no sabe ni siquierá qué cosa, sino que están en constante búsqueda y la única importante es la de encontrarse uno mismo, de saber vivir con calidad de vida.
La insatisfacción de querer algo más cuando no se sabe el motivo, sino que simplemente se hace por tener más.
Algunos buscan un refugio y el mejor, es abrazarnos a los lazos que supimos unir con amor; como el de nuestra familia y los amigos que nos acompañaron en el camino, en el crecimiento espiritual y personal.
Entre las cosas más bellas está el amanecer y darnos cuenta que estamos vivos y con una valija de oportunidad y sueños.
Que existen metas que se aparecen en nuestra mente porque estamos preparados a hacerlas realidad.

Y esa realidad es la que a veces, suele doler, pero es por el esfuerzo de luchar contra una energía contraria a la nuestra.
Todo lo negativo, no es recicable, sino que simplemente se tira y bien lejos.
El sabio destino sabe unir las piezas correctas para encontrar personas afines.
Y un día, las lágrimas que solían caer, ya no están, ya se secaron, porque al dolor, ya aprendimos a manejarlo para que no nos afecte.
Lo justo y necesario llaga en el momento preciso y ese tiempo es el verbo de Dios.
La ansiedad nos aleja de las metas.
La paciencia es la guía para llegar correctamente.

Y son muchos los que buscan una mejor nota en el colegio de la vida y no saben que lo que importa es la calidad que hace una buena experiencia.
En los ensayos, nos perfeccionamos y vemos el progreso.
Vemos, porque aprendimos a mirar.
Reflexiones que liberan pensamientos acumulados y son parte del aprendizaje.
Cada año trae esperanzas y se afianza lo vivido.
No importa que pasen los años, sino que lo que deberíamos preocuparnos es que se pase la vida sin hacer algo interesante por nosotros.
Y luego, sumarlo al mundo y las demás personas.
Reflexiones que suelto y las veo volar.

La imaginación está intacta y mis metas, muy cerca, ya a punto de comenzar a disfrutarlas.
Esperanza, espera mi llegada.
Paciencia, paz que es mucho más que ciencia.
Fe, gracias por vivir en mí!

MARIANO SANTORO

lunes, 3 de febrero de 2014

Nuestro sol

Nuestro sol es lo que nos ilumina interiormente.
Es la mezcla del alma, con el corazón y la fe.
Nuestro sol es quien amanece y nos incentiva a vivir.
Ese sol que a veces se esconde, pero está en nuestro ser.
Todo lo que sea externo y oscuro, no llega a él.
En nuestro sol, viven las personas que amamos; las que nos acercan recuerdos bellos de una vida compartida.
Es ese mismo sol que nos alegra verlo y que nos hace sentir mejor; el que hace que nuestro espíritu se enaltezca.
El sol que nos ayuda cuando tenemos momentos delicados.
Ese sol hermoso que vemos en un atardecer cuando se va despidiendo hasta el siguiente día; que da paso a la noche pero sin dejar de cuidarnos.

Cada día tenemos la oportunidad de observar cuando se van mezclando todos los elementos, con las virtudes, con los valores humanos y con la fe.
Ese eterno instante que congela la sabiduría de la vida y que no alienta a seguir; porque el fuego nos abrigará y el viento nos empujará para caminar, en la misma tierra que elegimos vivir y con la gran energía del agua necesaria.
Nuestro sol es parte del cielo que nos asombra y que protege a esas personas en la que tienen como misión, guiarnos.
Nuestro sol es quien nos despierta con sus rayos y nos hace levantar para disfrutar.
El esplendor de su belleza nos da el poder de sentirnos felices por tener esa riqueza viviendo en nosotros.

Cuando lo vemos ahí arriba es que nos sentimos elevados; ya que nuestro sol está en todos los lugares donde reina el amor y donde nuestros deseos de ser mejores se deleitan al saber que queremos crecer.
Y la tristeza que a veces se presenta y quiere controlarnos, es que el mismo sol la deja, para que confiemos en él y que está no solamente en un lugar físico, sino que pertenece a la grandeza de la vida.
Y los pequeños dolores que nos provoca alguna desilusión; también son parte del aprendizaje, porque la intensidad con la que el sol nos alumbra, hace que las mismas tinieblan le teman.
No hay temor si tenemos un poderoso sol en nosotros.
Y el corazón es quien lo mima y le da caricias.
Y el alma, se enorgullece de estar cerca.

Y la mente, es quien lo valora por toda la inmensidad.
Y nuestra visión es quien lo ve y quiere plasmarlo en fotos, ya que deseamos testimoniar la calidad de la belleza que nos ayuda a ser; porque ser, estar y sentir, son los mismos verbos que pertenecen a vivir.
Nuestro sol es parte de la nobleza de la humildad de los humanos.
El mágico astro eternamente celestial, tan cerca de Dios, tan cerca de lo que más queremos y necesitamos.
Nuestro sol tiene lo más importante en toda su magnitud y es la luz que brillará más allá de los tiempos humanos.
Esa luz que parpadea; la que nos guiña y nos dice que todo está bien, que confiemos y que descansemos, porque al día siguiente, ese mismo sol, estará con nosotros y en nosotros.

MARIANO SANTORO