sábado, 28 de noviembre de 2009

Oscuridad dentro nuestro

No solo un corte de luz, nos lleva a estar en oscuridad.
Incluso en esos momentos, vivimos en un estado alterado donde no sabemos qué hacer, no encontramos velas y aparece la necesidad de seguir haciendo lo que sea, tanto ver tele, estar sentado frente a la compu o cualquier actividad.
Esa oscuridad no nos gusta y tampoco debería gustarnos las demás.
Cada actitud negativa que practicamos, es como un ladrillo y de a poco vamos edificando una gran pared, pero lo negativo no estaría que sea por fuera, aunque eso nos aislaría de todos.
Cada ladrillo de rencor, de odio, de envidia, de amargura; todo acto de maldad se van apilando por dentro y cada vez crece más, ya que al empezar a maltratar a los que nos rodean, nos tapamos y vamos cubriendo lo bueno.
Nuestra alma y demás cosas excelentes que tenemos y no usamos, no las ponemos en práctica, se van cubriendo con estos ladrillos.
Y lo peor es que si continuamos haciendo esa pared de manera circular, por dentro de nuestra piel, se transforma en una caparazón que nadie podrá entrar y nosotros, no podremos salir.
Todo un mundo de oscuridad nos tapará la visión de las cosas maravillosas que la vida nos da.
Cada día nos enfrentamos a exámenes y en la mayoría de ellos, nos va mal. Esas pruebas en las que nunca logramos experiencia ya que no nos dejaron tener experiencia. Todo se hace con reglas que alguien impuso y la única verdad absoluta es la que viene de arriba.
La única oficina donde tiene que estar nuestro superior, nuestro jefe y al único que debemos obedecer, esa oficina se llama: cielo.
Merecemos ser salvos y poder derribar cada ladrillo que edificamos y nos lleva a un mundo sin regreso.
Entiendo y me hago cargo que hay situaciones que nos alteran y de a poco, vamos rumbo al camino no deseado.
Enojarnos, llenarnos de bronca. Sí, es natural, cuando nos hicieron daño y nos usaron y cuesta una enormidad poder seguir siendo bueno.
Olvidar y perdonar no es tarea fácil.
Vemos en el cuerpo esas marcas que nos afean, que lo que antes latía con alegría, hoy ya ni tiene ganas de latir.
Los recuerdos de hermosos momentos, se cubren enseguida con todo lo malo que nos han hecho.
Solos, no podemos quebrar esas paredes. No fue ni la cal, ni el cemento, ni ningún elemento o material para hacer edificios lo que nos hizo endurecernos y alejarnos de la luz.
Fuimos nosotros mismos y somos los únicos que tenemos que poner manos a la obra, a esa gran obra de recuperar el alma verdadera, la pureza con la cual fuimos creados.
Vamos por la luz y seremos iluminados.
MARIANO SANTORO

lunes, 23 de noviembre de 2009

Nunca es tarde

Nada es tan fácil como uno podría suponer.
Sin confianza, no se logra nada.
Sin diálogo, mucho menos.
Los caprichos, hay que dejárselo a los chicos.
Por momentos tomamos prestado algunas cosas de nuestra infancia y nos ponemos de una manera para nada adulta.
Creímos y la vida nos demostró que con eso solo no alcanzaría.
Vimos pasar delante de nuestros ojos lo peor que nos podían hacer y nos cambió la manera de mirar.
El tiempo todo lo cura es algo que habrás escuchado. Pero ese tiempo se hace eterno y pensás que nunca llegará.
Si te hicieron daño, pensás en la justicia y pedís por favor que se cumpla lo antes posible y la verdadera justicia, la que importa y la que más afecta, es la que viene de lo espiritual.
Crecimos y nos costó. Cada pasó que dimos y cada arruga que se formó en nuestro rostro, son pruebas que hemos sido golpeados.
Jamás dejamos de insistir y de pensar que esos sueños que siempre tuvimos, podrían cumplirse.
Alguna vez se harían realidad.
Hubo épocas en las que todo el mundo estaba acompañado, todos estaban en pareja y ya no importaba si estaban bien o eran felices, sino que estaban con alguien y tenían un hombro para llorar en caso de necesitar; tenían brazos que servían para protegerlos; tenían manos para que los agarren y entrelacen los dedos y jugar, permitirse ser libres y que una gran sonrisa les cubra el rostro y les dure todo el día y por la noche, simplemente dormir y tener el merecido descanso.
Nos caímos y nos costó levantarnos.
Pocas veces logramos estar realmente de pie y con la frente en alto para poder darle la cara a lo que venga.
La fortaleza no era parte de nuestras propiedades.
Teníamos cosas, pocas eran materiales y algunas, más sentimentales y seguimos pensando que lo que vale es lo interno.
Muchos se han reído y nos alejamos.
Preferimos seguir con nuestra creencia y costumbres.
El calendario nos mostraba fechas que pasaban a una velocidad que no podíamos creer.
Nos sorprendió la edad donde ya teníamos que tener muchas cosas acumuladas y planes ya cumplidos y no estaban.
Lo que no estaba nos afectaba.
Las emociones y nuestro cuerpo comenzaban a sentirlo.
La pérdida de ánimo. El seguir por obligación y por no tener la cobardía de abandonar todo. Y gracias a eso, tuvimos el valor necesario de seguir.
Hoy, es una fecha importante en la que una persona que he querido y fue parte de mi vida, se casa.
El amor que tantas veces ha pasado y tocado su corazón no era el correcto.
Hoy se cumplen los deseos de una persona maravillosa y eso me da fe.
Nunca es tarde. El almanaque y cada hoja que arrancamos no significan que perdimos tiempo, sino que ganamos y esperamos por algo mejor.
Y llega, como la justicia divina.
Con todo mi amor y cariño a la que fue mi primera y verdadera novia: M.A.B.
MARIANO SANTORO

jueves, 19 de noviembre de 2009

Momento de recordarte

El día amagaba con lluvia, con mal tiempo.
Pero el insistir tuvo sus logros y pudimos conocernos.
Eras hasta ese momento, una simple persona con la que me iba a encontrar.
El vernos y la primera impresión no fue asombrosa, pero algo ya perfilaba como que había algo más. Como que la confianza estaba instalada y ni siquiera llevamos juntos unos minutos.
Ya veníamos sabiendo mucho uno del otro. Había ganas y deseos. El tener la presencia física cambia mucho la perspectiva de lo que uno quiere.
Fui impulsivo y me dejaste serlo.
Te besaba, te daba muestras de afecto con pequeños besitos y temía porque fuese la última vez. Las cosas buenas no suelen pasar seguido y menos para quedarse un buen tiempo.
La charla fluía y al mirarte descubría que me gustabas más y más.
Me tiraba abajo y sentía que no estaba a tu altura. Esa altura que no se mide en centímetros.
Pero tenía mi pasado y mi seguridad. Mis nervios aparecían algunas veces.
Y se hizo la hora de tu partida.
Me quise hacer el romántico al agarrarte de la mano y noté tu distancia que a medida que caminábamos, desaparecía.
Logré abrazarte y sentir las enormes ganas de verte de nuevo y no quería que te vayas. Y vos sentiste lo mismo.
Ese sueño que estaba viviendo era muy lindo y el despertarme no era lo que estaba en mis planes.
Fue lindo y a vos también te pasó. Supimos que algo nacía.
Una circunstancia algo rara me demostró la persona que eras en realidad y te estaré por siempre agradecido. Vi tus valores, sentí tu cuerpo, tu pasión, tus ganas de más.
Hubo amor y sabemos que fue real.
No es tarea fácil acoplar a alguien al estilo de vida que uno tiene, pero le pusimos onda.
Choques y otra vez alguna que otra distancia, intercambiadas con cariño, nos hicieron extrañar y los encuentros eran fantásticos.
La fantasía ya era realidad.
Corrimos y nos tropezamos.
Quizás volé demasiado y aún no tenía mi título de piloto profesional.
No me importó, ya que sentía que eras la elegida y no por mí, sino por mi corazón.
Y la vida siguió y nos entregamos, llegamos a fusionarnos y nos gustó.
Volvimos a soñar despiertos, pero al cerrar los ojos apareció algo que no estaba preparado.
Una tarde te despedí y sabía muy dentro de mi ser que era el final de algo que no tuvo principio legal.
Ya comenzabas el regreso a tu mundo.
Tus obligaciones y ese maldito pasado que no te dejaba caminar.
Miles de motivos y excusas, pero cuando uno quiere se la juega y los caprichos te mataron.
Me diste bronca y te odié.
Me enfermé y mi cura eras vos.
Volví a caer y sin fuerzas me propuse levantarme.
Y hoy, estoy acá, pensando en vos y recordando el primer café, el primer beso, nuestra primera noche juntos.
Te quise y hasta es probable que te haya amado.
No sé si podría volver a hacer algunas cosas. Abandoné muchas de las que no te gustaban.
Pero hay algo que jamás lograrás que cambie.
Y son las ganas de verte y decirte que siempre serás parte de mi vida y de mis recuerdos.
MARIANO SANTORO

sábado, 14 de noviembre de 2009

Llorar no alcanza

El ser una buena persona ya no es suficiente.
Las costumbres se han modificado demasiado.
Lo que tanto nos costó aprender, hoy no sirve.
Nuestros padres se preocuparon por darnos tantas cosas y han perdido su valor.
Lo que dicta el corazón ha quedado a un lado y en realidad, cada vez más alejado de nosotros.
Por momentos no sabemos cómo manejarnos, ya que al usar la parte mental, nos iremos frenando hasta privarnos de todo. Ya estamos cansados de tanto mal que ha pasado y nos ponemos esa gran barrera de no volver a sufrir, esa obviedad que es lo primero que nos sale.
Y sucede por no saber qué hacer. Ya tenemos miedo de hasta lo que pensamos y decimos. Creemos que todo lo que hagamos nos impedirá estar bien con alguien. Nos frenamos a todo.
Hoy, todo lo que deseamos nos cuesta mucho más que el doble. No tuvimos experiencia necesaria, ya que lo que aprendimos, hoy carece de sentido.
Se perdieron tantas cosas y el encontrarlas es una misión imposible.
Son pocos los lugares donde podamos encontrar paz. En nuestro cuerpo, parece que ya no.
Sentimos que las cicatrices se hicieron tatuajes y no queremos mostrarlas, pero las ven. Nos ven débiles, sin fuerzas y a la vez, damos esa sensación de no poder cumplir con la mínima expectativa de ser capaces de amar.
Cómo si dependiese de una marca.
Llorar, ya no alcanza. Signos de debilidad. Signos que en algún momento nos permitían ser humanos. Pero en algún momento nos volvimos descartables, mejor dicho nos hicieron creer así y que todos somos parte de ese mundo.
Aún no estamos todos contaminados. Aún hay mucha gente que quiere ir por más.
Todo lo que expresa nuestro cuerpo es lo más verdadero y puro.
No hay mentiras en lo que sale de nosotros.
Y si llegamos a llorar, es porque algo nos dolió y quisimos que sea parte de nosotros.
Pelear sin golpear; solo luchemos, pero no en términos de daño, sino en busca de lograr lo que tanto merecemos.
Hagamos que algunas de las cosas más simples recuperen su valor primitivo.
Volvamos a sentir de verdad.
A que los latidos sean de amor.
Que esas lágrimas sean por felicidad.
Que la paz sea parte de nuestra vestimenta.
MARIANO SANTORO

lunes, 9 de noviembre de 2009

Jugando a crecer

Jugar, esa maravillosa sensación de libertad sin culpa.
Jugar a lo que sea sin pensar en ganar o perder.
El juego no tendría que categorizarce solo en 2 opciones, sino en el placer de ser parte, de disfrutar.
Amar, es el juego más sensual y adictivo. Amar no es un juego, pero debemos conocer cada regla, para saber si estamos preparados.
Un día miramos a nuestro alrededor y vimos gente mimándose, parejitas en la calle tomados de la mano y besándose. Una extraña sensación nos invadió y sentimos celos, sentimos ganas de tener eso mismo que nuestros ojos se animaron a ver.
Cada día nos llenamos de imágenes que nos hacen daño, nos distraemos de diferentes maneras y sabemos que nos cuesta alejarnos de tantos problemas. Muchas cosas nos llenan y ya no tenemos espacio para lo bueno. De una manera tan rara, acumulamos males, rencores, dolores y sufrimos.
Cerrar los ojos e intentar soñar ya no se nos hace tarea fácil.
Soñar despierto es otra opción. Pero jugar, siempre tenemos que estar dispuestos, porque nos devuelve la inocencia, nos remonta a épocas de pureza, a una era donde no sentíamos culpa, donde el ensuciarnos nos hacía feliz. Hoy, esa suciedad se trata de otra cosa; nos vamos embarrando en males cada vez más difíciles de sacar. No hay jabón que limpie el alma. Esa suciedad, nos tapa todo lo bueno que pudimos haber logrado alguna vez.
Recordemos cada momento de la niñez y adaptémosla a la adultez.
Todos podemos jugar, pero en el gran juego de crecer no se vuelve atrás. No se puede mezclar y dar de nuevo. Solo se crece una vez y si hay ganas de hacerlo.
Crecer y no de altura.
Crecer para aumentar los sentimientos que nuestro corazón quiera ofrendar.
Crecer, los deseos de ver a nuestra pareja.
Crecer mentalmente, para ver a nuestros hijos crecer.
Jugando en cada momento y con las reglas que entre 2 personas lograron llegar a un acuerdo.
No se juega solo, todo se debe hacer de a 2. Jugando de esa forma, ambos, serán felices.
Una gran sonrisa en espiral los llenará.
Un gran cariño nacerá entre los 2.
Una complicidad se formará y crecerá entre esos 2 seres que estén dispuestos a estar juntos.
Juntos, es la clave.
Mucha satisfacción es ganar alguna competencia, pero en el amor no debe existir eso. No se compite, solo se comparte.
Perder, se puede hacer de varias maneras y a nadie le gusta. Pero debemos luchar para que no perdamos en el amor. No perder en la gran oportunidad que la vida nos da en poder querer a alguien.
Todo nos sirve, cuando ganamos, cuando perdemos, cuando soñamos y mucho más cuando nos despertamos y vemos que lo que hicimos, está bien hecho.
Ojalá que te vuelvan las ganas de jugar. Ojalá sientas necesidad de seguir creciendo.
La niñez no es algo que ya pasó en tu vida. Es la etapa donde más deseos tenemos de aprender. Recuperemos esa energía.
MARIANO SANTORO

viernes, 6 de noviembre de 2009

Ilumíname por siempre

Hay mucha gente que te quiere y otras que hasta te aman.
Llegaste a un nivel de encierro para no permitir que el sufrimiento llegue a vos.
Algunas veces sentiste que te equivocaste y tuviste la chance de pedir perdón.
Las segundas oportunidades no son para todos y las tuviste.
Hay sensaciones que no pueden expresar tanta emoción: un llamado no esperado, una voz que casi habías olvidado y toda la dulzura que te provoca esa persona, hacen que te sientas bien y así, mejora tu día.
La sensación de extrañar es de por sí, extraña. Uno se permite conocer a alguien y el diálogo fluye tan natural que al no estar cerca, no tener a esa persona te hacen querer verla y recuperar cada momento que te dio.
Hay momentos que no se repiten, pero si hubo cosas buenas, se puede remontar desde ahí.
Continuar desde lo bueno, esa es la clave.
Todos alguna vez hicimos daño a gente que no lo merecía, pero las confusiones y dudas nos llevar a pensar mucho más de lo que vemos.
El cerebro nos manda mensajes y suele fallar. Por eso debemos ser guiados por el corazón.
Si amamos, podemos volver a hacerlo.
Si quisimos, podemos intentar.
Incluso si odiamos, podríamos probar si somos capaces de cambiar ese sentimiento.
Es mucho lo que se puede hacer si hay ganas.
Es mucho lo que se gana, si creemos que al hacer cosas buenas seremos premiados y no materialmente.
Las caricias al corazón y al alma, quedan por siempre.
Un día, sentiste que estabas perdido, que te habían defraudado y te fuiste encerrando.
Fuiste acumulando capas y capas de rencor. El asombro, la tristeza, el no saber el verdadero motivo, te llevaron a la incertidumbre.
Quisiste hacerte más fuerte y lo que se hizo fuerte, fue tan solo tu dolor. Cada vez más profundo.
Alternaste sentimientos y disparaste con gente que no tenía culpas. Pero no lo sabías.
Uno solo no puede saber todo y mucho menos, hacer las cosas correctas. Debemos tener la certeza y evaluar cada situación y valorar lo que nos dieron y lo que perdimos y si estamos preparados a recuperar.
Quiero mucho para mi vida y vos también tendrás tus sueños.
Vamos por eso. Vamos por los latidos que nos alegran. Lo que nos motiva a hacer el bien y a dar más de lo que nos dan.
Al dar con alegría y sin esperar respuesta, somos premiados. No todo es visible y ahí está la sabiduría.
Hay mucho más que no conocemos y en todo el mundo fascinante de las emociones, del amor, de las relaciones humanas y de pareja, hay cantidad de cosas que nos llenan.
Creer que hay más y buscando el camino correcto se llega.
Tentaciones habrá muchas. Momentos amargos también los habrá. Pero si nos gusta lo dulce, lleguemos hasta casi empalagarnos.
Amemos lo que hacemos. Tomemos la mano de quien nos da su amor y sigamos juntos.
Mirando en nuestro interior veremos lo que deseamos.
Abandonemos el encierro y dejemos caer esas paredes que nosotros mismos edificamos.
Dejemos que entre el brillo de amor. El que nos va a iluminar también cuando tengamos momentos oscuros.
MARIANO SANTORO

martes, 3 de noviembre de 2009

Hasta la felicidad

Vivimos rodeados de negatividad. Cantidades de bolsas de basura y demás cosas que nos afectan.
En alguna parte de nosotros queda sensibilidad.
Crecimos y aprendimos lo que nuestros padres pudieron enseñarnos y quizás no fueron con las palabras correctas, ya que las costumbres cambian con el correr de los años.
Pero nos dieron lo mejor y así llegamos a hoy.
Lamentablemente nos fuimos alejando de esos valores ya que son pocas las personas que lo valoran.
Nos fuimos golpeando y sabemos muy bien que esos golpes los queremos bien lejos de nosotros.
Ya tenemos bastante con pelearle a la vida, como para seguir acumulando malos recuerdos.
Podemos soñar, si es que aún no te olvidaste cómo se hace.
Podemos permitirnos dormir con alguien y no significa que haya sexo, sino simplemente estar y sentir ese abrazo tan necesario.
Hay tanto en un abrazo sincero que no hay palabras para describirlo!
Hay tanto en nuestra cabeza que quiere salir y hacerlo real!
Soñemos, porque al hacerlo sabemos que pudimos descansar y el inconsciente nos premia con ese mundo que idealizamos.
Seamos como niños y juguemos a que podemos conseguirlo.
Seamos adolescentes para sentir esa vibración que es el querer y ser querido por alguien.
Seamos adultos para enfrentar una nueva relación sin miedos, ya que al amar, no hay temor. Nada malo sale de nuestro corazón.
Tu habitación se ve cada vez más vacía. Los muebles no alcanzan a llenar cada espacio de recuerdos del amor que ha pasado y ha estado ahí.
Es en tu propio hogar donde edificaste sueños, un futuro; planificaste y tu pareja también lo hizo y por eso te sentís mal, ya que lo hicieron de a 2, lo hicieron de la manera correcta.
Y te preguntás: Dónde está el error?
La vida tiene sus misterios y nadie nos los puede explicar. El cuerpo somatiza, se enferma y siente un dolor profundo. Ante tanta impotencia de alejamiento nos sentimos indefensos.
Volvemos a ser niños en que desconocemos ese mundo de los adultos. Y no es un atraso, no es que viajamos en el tiempo y debemos emprender el regreso a la madurez.
Somos niños, porque podemos hacer cosas sin sentirnos culpables. Y nuestra adultez, nos toma examen para saber si estamos por equivocarnos.
Un ida y vuelta entre cerebro, corazón, sentimientos y razonamiento.
Luchemos por la felicidad. Vayamos hacia ella. Agarremos las pocas cosas que necesitemos y emprendamos ese viaje.
Que nadie nos saque del camino que elegimos.
En el verdadero camino hacia la felicidad, alguien se sumará a nosotros y seguiremos juntos.
Eso es amor, eso es la vida.
MARIANO SANTORO