viernes, 11 de noviembre de 2011

Un día único


Una vez en mi vida, siendo niño, comencé a escuchar música y descubrir que en las letras, me encontraba a mí mismo.
Canciones ajenas que hablaban de mi vida aún sin conocerme.
En cada melodía podía expresar sentimientos y me fui enamorando.
Un día me di cuenta que yo también podía escribir y que podía hacer de mi vida una bella melodía.
Todo es música, todo puede ser amor.
Un día la vida me fue regalando momentos y no en ninguna fecha en especial y pude darme cuenta que todo llega sin esperarlo.
Un día me sentí identificado con el mar, ya que el mar es melodía, es armonía y es ritmo.
La melodía que me hace emocionar y sentir que lo mejor es todo lo que no se ve: lo que se siente.
La armonía para lograr esa paz interna, esa paz mental que necesito para crecer como ser humano.
El ritmo, que me hace bailar en cada situación y comprobar que puedo disfrutar mis movimientos al hacerlo.
Un día pude ver que el mar puede besar la arena y todo se transforma en uno.
El poder de uno sobre uno.
El poder ayudar y sentirse gratificado.
El saber que podemos ser caricias, podemos ser palabras; podemos ser música y podemos reflejarnos en otra persona.
Ese mar transparente donde me acerco y me reflejo y logro ver rostros de personas que pude ayudar, que pude querer y darme cuenta que puedo seguir sorprendiéndome, que cada día es único, que cada ola que llegue a mi vida es para refrescarme y decirme que lo que nos salva es el amor.
Que todo brillo que hay es un sol que nos ilumina.
Que siempre habrá una luna a nuestro lado.
Que cada granito de arena es importante y entre todos hacen una playa, hacen una vida.
Y yo me limité a ser mar.
El que viene y besa la arena, el que juega, el que se divierte, el que está lleno de energía.
El que sabe que la meta es ser feliz.
Bienvenidos al amanecer.
Bienvenidos al mar verdadero.
MARIANO SANTORO