Embellecer los detalles es potenciar lo que hemos aprendido desde niños.
Porque la caballerosidad, no es moda.
Prestar atención a la compañía; escucharla no sólo con los oídos, sino con todo el ser.
Que sus palabras fluyan con naturalidad, gracias a la confianza que le generamos.
El amor no es un juego, pero debemos jugar con las mejores herramientas para dar lo mejor.
Y no por quedar bien, sino por la satisfacción de hacer el bien y lo que consideramos correcto.
El premio, es ver que esa persona que está con nosotros, quiere pasar más tiempo.
La clave es compartir y no debería haber secretos, cuando uno logra abrirse.
Y en ese viaje interminable de expansión, es cuando se crece.
Y no hablamos de edad, sino de algo que se logra con los actos.
Como una obra de teatro en la que se comienza con acción.
Luego, cada uno dirá su parte, pero no es la que divide, sino la que une.
Y no hay guion preestablecido, sino que la impronta tiene mayor resultado.
Y en la matemática de cualquier relación, siempre debemos sumar.
El público más exigente, son todas las personas que fuimos hasta llegar a este presente lleno de regalos.
Cada etapa vivida, nos ha formado y modificado y en lo que se refiere a experiencia, es un camino infinito.
Que los gestos, mantengan una continuidad y los del rostro, dibujen una hermosa sonrisa.
Que las sorpresas sean genuinas y llenas de alegrías.
Los detalles que más valor tienen, son los que salen del corazón.
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#MarianoSantoro 羊
