domingo, 2 de agosto de 2009

Es tiempo de volar otra vez

La soledad es muy difícil. La noche solo trae recuerdos y sueños de estar bien con una persona.
Se crece, cuando no resultan los planes que hemos planificado.
Se vive, esquivando obstáculos.
Se siente, una enorme tristeza cuando la cama es demasiado grande y el vacío que está a nuestro alrededor, no la puede llenar nada.
Se llora, cuando tenemos la obligación de volver a creer y nos damos cuenta que confiar, es la opción más acertada.
Nos enfrentamos a situaciones; conocemos personas que nos dejan cosas y otras, que simplemente nos dejan y se van. Las que quedan, están y son parte de los momentos cotidianos.
Al abrazar a un cuerpo que recién conocemos, algo en nuestro ser nos dice que esa persona puede ser un nuevo sueño, una nueva oportunidad de estar bien y sentir un poco de esa felicidad que cada día, se alejaba más de nosotros.
Un cuerpo no solo es físico. Un cuerpo es una compañía que puede ser una parte muy importante de nuestro futuro. Y el tiempo que dure no es fundamental, el solo hecho de habernos dado un momento grato y querer revivirlo; de extrañar y aún no se fue de tu lado; de besar labios que hace mucho no son besados; de mirar ojos ya cansados de escupir lágrimas por gente que no merece ser calificada como gente; de darse el lujo de volver a reír y no sentirse ridículo; todo esto, nos lo puede dar una nueva esperanza.
Es tiempo de volar, de ser libres y dejar de lado las decisiones relevantes y disfrutar.
Viajar con el corazón y que la emoción sea nuestra vestimenta. Que la música nazca desde nuestros 2 cuerpos unidos y que esa melodía, se nos pegue durante los días en que no estamos acompañados.
Volar no solo se hace con la mente.
En la tranquilidad del mar, nos vemos reflejados y al vernos, lo que más deseamos es ver una imagen que nos agrade.
El rostro estará cubierto con sonrisas y ellas, nos dirán que vamos por buen camino.
Y lo mejor de todo es saber que nuestro horizonte, lo marcan los latidos del corazón.
MARIANO SANTORO