miércoles, 19 de agosto de 2009

Reflejando nuestro interior

Te propongo un ejercicio.
Buscá algún espejo y parate delante.
Tratá de concentrarte y mirate.
Pensá si estás conforme con lo que te devuelve la imagen. Si lo que ves, es agradable. Si estás conforme o qué te gustaría mejorar, cambiar o perfeccionar algo.
Mirate solo vos. Tu cuerpo, tu ser.
Mirá, si podés, dentro tuyo. Si en alguna parte hay algo por el cual sentirte feliz.
Luego de unos minutos, mirá lo que refleja por detrás.
Te gusta lo que ves? Moverías algo que sentís que no queda bien?
Ahora, no mires lo material, sino mira tu pasado, lo que tu espalda lleva cargando hace años.
Te pesa esa mochila? Es necesario llevar tanto? Todo es útil?
Liberá espacio. Hacé lugar para que el camino que estés por seguir se te haga más ameno, más cómodo.
Me gustaría preguntarte si estarías dispuesto a ver del otro lado del espejo.
Si existe algún miedo en vos que aún no superaste. Si lo que esté por venir te puede llegar a agradar.
Mucha gente le teme a lo desconocido y está bien que sea así, para poder sorprendernos.
No es fácil enfrentarnos al futuro. No todos estamos preparados.
Por eso, siento que es necesario vernos primero nosotros, ver nuestro pasado y estar predispuestos a lo que venga. No hay atajos para llegar a ser feliz. No existe alguna máquina que nos adelante hacia el destino elegido.
Debemos dejarnos guiar, por Dios, por nuestro corazón, por nuestros valores e ideales. Necesitamos tener fuerzas, porque nada nos será regalado; no será fácil la lucha pero hay mucho y de lo bueno, en lo que va a venir.
Mientras nuestro cuerpo esté lo más liviano posible, mejor será la recompensa.
Las puertas del pasado deben cerrarse y sé que cuesta una enormidad. Lo que nos han hecho daño, debemos sacarlo, alejarlo. Nuestro ser tiene que flotar, tiene que tener esa sensación y ese olor a nuevo. A ganas de empezar un nuevo proyecto y es el ser felices.
Ser dueños de nuestro destino, socios de la felicidad y del amor y empleados de la vida que nos dieron.
El reflejo que vemos tiene que ser lo mejor que podemos llegar a dar.
Alguna vez nos reflejaremos en nuestros hijos y en la gente que nos ama.
MARIANO SANTORO