viernes, 4 de julio de 2014

Sembrando luz

Sembrar es saber que lo que haremos hoy, tendrá consecuencias en el futuro.
Y si sabemos esparcir lo mejor que tenemos, la cosecha será productiva.
Y hacia allá vamos, porque en el sembrar, también se incluye la preparación.
A medida que fuimos creciendo fuimos sumando frutos y queremos desparramar todo lo que nos ha hecho bien y eso es por la semilla que alguien puso en nosotros, que es la de la solidaridad y el compartir.
Semillas que adornaron nuestro crecimiento y juntas, tuvieron su misión, que es la de hacernos buenas personas.

Sembrar es soñar, es ser paciente, es saber esperar porque el edificio no se hace en un día.
Y cuando comenzamos con la agradable tarea de sembrar, lo vamos haciendo en todos los sitios disponibles.
Eso nos motivará a continuar, porque al terminar de dejar en un lado, ya comenzaremos a recibir del otro.
Una gran cadena de semillas que juntas hacen el collar de la vida.
Y en cada una pusimos lo que más amamos y no en un acto de desprendimiento, sino de saber que lo que haremos, tomará otro valor, otro significado.
Lo que se suelta y se deja a la espera, es crecer, es aprender a manejar la ansiedad de querer que todo pase ya mismo.

Y cuando ese motivo se trata de nuestra propia cosecha, le ponemos más amor a lo que hacemos.
Y es el accionar, la gran tarea de sembrar ya que en nuestro comportamiento y en nuestra dedicación, lograremos cosas positivas.
Lo que sembramos, tiene una causa y esa misma causalidad será la que llegue a nosotros en algún momento.
Tendrá el efecto correcto si le dimos lo mejor y lo hicimos con la correcta pasión.
Muchas veces no tomamos consciencia de la cantidad de semillas que podemos sembrar, ya que no nos conocemos lo suficiente y no nos queremos lo suficiente para valorar nuestro trabajo.

Nuestra causa con la vida, es mucho más que hacer el bien.
Y esas semillas que tomaron vida y somos hoy, significa que alguien creyó en nosotros aún antes de nacer y de crecer.
Fuimos el sueño de personas amadas y mediante el cariño y amor genuino, aprendieron a esperar hasta llegar al día que una inmensa sonrisa comenzaría a habitar en sus rostros.
Y es porque una vez alguien quiso ser más que un sueño y comenzó sembrando luz, la propia, la que ya estaba en su ser.
Y hoy, esa semilla tiene un nombre, tiene sentimientos y tiene la bendición de agradecer lo que vive, sabiendo que siempre estamos cosechando.

Sembrando luz es cuando más luminosidad generamos.
Todo el gran brillo que podemos emanar, es el encargado de multiplicar nuestras semillas y hacer que tomen fuerza y se reproduzcan.
Y en una hermosa mañana, luego de un hermoso amanecer, cosecharemos cada una de lo que alguna vez fueron semillas y hoy, son el fruto de la perseverancia y la fe.

MARIANO SANTORO