domingo, 26 de agosto de 2018

Boomerang energético

Alguna vez en nuestra vida, aprendimos a abrir las manos para recibir lo que anhelábamos. 
Nos hacía muy bien el regalo que llegaba y las emociones, se juntaban para celebrar.
Esas mismas manos, nos dieron la oportunidad de poder arreglar lo que causalmente se había roto.
Y luego, al crecer, nos cruzamos con personas quebradas y nuestras manos, las ayudaron a sanar. 
Ofrecer las manos, es ayudar en todo lo que podamos.
Es hacerles sentir que todo trabajo que se deba hacer, contará con mucho más que nuestra presencia.
Nuestras manos, tienen la mágica energía que nace en el núcleo de lo que somos.
Los valores humanos, las bellas emociones, los importantes latidos del corazón.
Todos se unen con la hermosa tarea de dar, de brindar, de estar.
Y cuando se hace una sana y cotidiana costumbre, aparece la matemática de la vida.
Todo aquéllo que damos, llega y se multiplica en diferentes dones y bendiciones.
Manos amigas que saben aparecer en los precisos instantes para sentir la compañía de la amistad.
Manos que tienen historia y tienen la maestría de acariciar heridas.
Manos energéticas que provocan la sensación de bienestar y de sensibilidad.
Cruzar los dedos esperando respuestas, no es la solución.
Cerrar los párpados para obviar y reprimir sentimientos, tampoco nos conduce al sitio que queremos.
Y el mejor lugar que podamos ir y vivir, es el corazón amigo de una persona que se preocupa por nosotros.
Lo que das, regresa, en muchas formas y suma más energía para seguir con nuestra obra, con la edificación de relaciones positivas.
Esas mismas manos, se extienden para abrazar y para expresar el amor puro que vive en nosotros y que necesita ser compartido.
MARIANO SANTORO