domingo, 18 de agosto de 2019

Plaza casa

Muchos podrán decir que la escuela es el segundo hogar.
Pero salir de nuestra casa para ir a la plaza, es la plena satisfacción de que tendremos otra clase de aprendizaje.
El subibaja de la vida, nos transportará a los niveles necesarios para conocer nuestros límites.
El tobogán sabe de miedos y el animarnos a largar desde esa altura, nos liberará.
Las hamacas que en su ida y vuelta pasando por lo pasado, presente y llegando al futuro de nuestros sueños.
Empujando contra las leyes físicas.
Superando desafíos y los nuevos retos que se presentan.
Esa casita que de tan chiquita, nos ayuda a entender que lo valioso, suele ser pequeño, pero con un alto contenido si sabemos darle calor de hogar.
Protegernos del clima externo.
Abrazarnos al calor de la pasión por la diversión.
Y la calesita a lo lejos, nos espera para dar vueltas esperando agarrar la sortija de premio.
Todo en la vida se puede repetir y está en nosotros darle la mejor importancia. 
En cada vuelta, nuevas miradas y focalizando nuestro objetivo.
Los edificios vecinos nos observan jugar desde su rigidez.
Se olvidaron que ellos han sido niños y que las personas que viven en ellos, se fueron oxidando.
La plaza casa no sólo es privilegio de la infancia.
Nos ayuda a reencontrarnos con el niño que hemos sido y el adulto que valora caminar por los nuevos juegos de la vida.
Los cambios permiten crecer.
Y el amor con el que realizamos cada movimiento, depende del latido del corazón.
MARIANO SANTORO