lunes, 8 de abril de 2013

El niño interior

Cuenta la historia que un niño había nacido con deseos de los padres y pusieron en él, toda la alegría necesaria para disfrutar de la vida.
Ese niño, creció observando y todo, era parte del aprendizaje.
Muchas visiones eran muy fuertes para la edad tan temprana y no hubo confusión, sino que se dejó llevar y seguía mirando.
Los accidentes se hicieron cotidianos y todos eran parte de las pruebas que debía aprobar.
Nadie le había dicho que el colegio más importante es el de la vida, el que se vive en la calle.
Ese niño crecía y fue su propio maestro y alumno; vivía con una extremada libertad y la única ley que tenía era vivir al máximo todo lo que la vida tenía para enseñarle.
Situaciones de peligro donde salió más fuerte y así, iba perdiendo el miedo a las cosas.
Supo lo que es la oscuridad y se sintió cómodo también, porque al tener una luz especial, no le molestaba estar en lugares temerosos.
Supo ambientarse a lo que estaba por venir.
También tenía el don de profetizar y ver lo que iba a ocurrir en un plazo cercano.
Muchos a su alrededor se asombraban de que lo que decía, se hacía real; hasta supo leer la mente de las personas con las que más conexión tenía.
Se enamoró más de lo que una persona puede hacer.
En él, había mucho amor, aunque en su crecimiento hubo dolor y momentos tristes.
No creía que dar explicaciones cambiara algo y no las daba.
Fue absolutamente libre de tomar cada decisión de su vida.
Elegir, era fascinante, ya que sólo él tenía el poder de hacer lo que su corazón le pedía.
No buscaba nada porque no había perdido nada.
Solamente vivía las situaciones.
Se hizo muy amigo de la independencia y de los relojes; sabía que el tiempo, era muy importante y que todo, tiene un comienzo.
Y las cosas no terminan cuando uno decide, sino que es Dios el único que pone punto final.
La soledad fue su amiga y le sirvió para autoconocerse.
Aprendió cada valor humano que existía e inventaba nuevos.
Creador de su propia vida.
Edificador de una personalidad especial.
Y seguía creciendo y mirando; siendo un gran espectador de lo que ocurría a su alrededor.
Y sólo él, sabía lo que pasaba en su interior.
Muchas veces se permitía viajar y así conoció y tuvo contacto directo con su alma y ahí, ella hizo un trato.
Cuidaría de él, a cambio de expresarse mediante la escritura.
Fue así que la experiencia se hacía texto.
Testimonios de vida.
Historias que las hacía propias para poder darle la solución adecuada y salir airoso.
Todo tiene solución, aunque el proceso sea dificultoso.
Eso se lo dijo su amigo el tiempo.
No eran buenos amigos, ya que la impaciencia molestaba bastante y trataba de tranquilizarse y esperar.
Sabía que alguna vez llegaría y así, también llegaban las segundas oportunidades; esas en las que pudo pedir disculpas si había hecho algo erróneo.
Seguía aprendiendo y mirando y le sumaba, el hacer.
Era hacedor de sus propios milagros y de algo que construía para tener su privacidad.
Estaba protegido desde el cielo y en la tierra, era inmune a la maldad.
Si uno puede hacer el bien, no había motivo por optar lo contrario.
Se comunicaba mucho más con su interior que con los de afuera.
Aunque era extrovertido, iba fortaleciendo su personalidad.
Y creció y ese niño, es un hombre, con la sabiduría de la vida.
Aprendió a escuchar y a ser directo.
Tiene mucho por delante y no existe persona que se lo impida.
Se propone y lo logra; sus caprichos son a la vez metas.
Sabe que algunas quedarán en el camino, pero es él mismo el que hace las huellas de su propio camino.
Y en todo ese ser que ha aprendido muchísimo y quiere seguir aprendiendo, vive el niño interior que estará siempre para recordarle la manera en la que ha crecido y en todo lo que cree, que gracias a Dios, es su única guía.

MARIANO SANTORO