sábado, 10 de agosto de 2013

Dirigiendo tu vida

La vida es una gran secuencia de momentos.
Y para dirigirla, se necesita de tiempo.
Ese tiempo es la gran inversión de nuestra vida, porque estaremos invirtiendo en nosotros.
Y le daremos lo mejor, porque así queremos vivir.
A muchas personas nos pasan diferentes situaciones que queremos compartir con las personas que nos rodean y también, que más queremos.
La confianza que depositamos en ellas y el saber que seremos escuchados, nos reconforta.
Creer que podemos sentirnos acompañados; incluso en esos pequeños instantes de soledad.

Porque queremos estar abiertos a lo que viene.
Abiertos en nuestra manera de pensar y de ser.
Porque al estar con esa apertura, nos entregamos a la gran sorpresa que el destino nos tenga preparado.
Debemos hacer todo lo posible para que nuestra vida, sea un ejemplo; sea como una hermosa canción y que deje fluir las mejores melodías para que nos recuerden y nos lleven con esas personas que se acercan a nuestra vida para quedarse.
Debemos creer que somos como una gran libro; donde escribimos día a día esas hojas de las cuales nos sentimos orgullosos y que al correr los años, el tiempo va dejando su huella y no importa que esas hojas se descoloren, porque son parte de nosotros y lo que realmente importa no son las hojas, sino el contenido.

Debemos hacer de nuestra vida una gran película, donde somos los protagonistas absolutos.
Y que cada persona que llegue, cumpla el rol que tenga que cumplir.
Nosotros la dirigiremos y desde la humildad y sinceridad, de la mano de la sabiduría del corazón, les daremos a cada uno su papel a cumplir; porque se trata de nuestra vida y nadie, debe ocupar ese lugar.
Creando el día a día, vamos sumando y agregando instantes, personas, escenarios y todo lo necesario para sentir placer en lo que hacemos y que el resultado, sea el de nuestra propia felicidad.

Seamos creativos con lo que hagamos; porque no se trata de armar un castillo de cartas, sabiendo que a corto plazo, ese castillo se derrumbará.
Todo lo que realicemos, no tiene que ser desde la necesidad; sino que tiene que ser desde la seguridad que nos tomaremos el tiempo necesario para hacer que esa idea nazca, crezca y le demos forma y sentido.
Seamos pacientes con el presente.
No apuremos el camino, porque seguirá estando ahí.
Y si ya elegimos lo que consideramos lo mejor para nosotros; debemos esperar a que se haga realidad.

En las noches, podemos ir pensando lo que en la brevedad, comenzaremos a realizar.
Pensemos con detalles y hasta podemos permitirnos planificar.
Porque toda obra duradera, necesita de buenas raíces y una buena misión.
Algo que nos haga sentir orgullosos y que alimente el alma.
Lo que hoy, nos ayudar a cubrir esa cuota de alimentos, mañana puede ser demasiado poco.
Las expectativas de lo que haremos, es fundamental, para nuestro propio bienestar.
No dejemos que el conformismo se apodere de nosotros.
El camino no es el que está a un metro y al llegar, ya damos por hecho lo que teníamos en mente.

Y cuando ya tenés pensado y en lo más profundo de tu ser ya comenzás a sentirte pleno, es ahí cuando confirmás que ya estás dirigiendo tu vida.
Y al dirigirla, la llevás por el verdadero camino, que es el que eligió tu corazón.

MARIANO SANTORO