martes, 13 de septiembre de 2016

Arriba

Suelen ser muchas las jornadas en que sentimos que nos estamos por caer.
Los tropiezos se van acumulando y el cuerpo, sabe muy bien de qué se trata.
No es agradable la sensación de bajoneamiento y subir, es una tarea que a veces, la dejamos pasar.
Vernos casi rendidos, agobiados, cansados en todo el cuerpo.
Cansados, hasta de nuestros pensamientos.
Y esa fuerza contraria a nuestros deseos quiere hacerse cada vez más grande e intensa.
Y la oscuridad se aparece hasta en donde creíamos que estábamos bien.
La confusión está lista para hacer su trabajo.
Pero desde lo más profundo de lo que somos, renace el mayor poder de la esencia.
Tan sólo respiramos e inhalamos palabras que nos inspiran.
La fuerza motivadora para relajar el cuerpo y dejar que la mente se deslice tan suavemente, hasta nos haga sentir que estamos encaminados.
Y la fe se hace presente e internamente, se hace lenguaje y se pone firme ante las decisiones.
Toma la postura necesaria porque sabe que nuestro interior quiere expresar lo mejor del ser.
Y ese ser y estar, el sentir y el desear, el amar lo que viene, con los anhelos de la sorpresa.
Y la luz que fluye y abre caminos, abre espacios y la mente, vuelve a tomar los colores que durante tanto tiempo han servido como guía.
Rayos poderosos de luz que se materializan en brazos para ayudarnos.
Nuestra caída no ha sido lo que la mente quiso mentir, sino que son pruebas fuertes para hacernos saber que hay un potencial en el cual trabajar.
Y ahí es cuando nuestra mirada se alegra de observar.
Las propias paredes que edificamos, no significan nada, porque existe un arriba que nos está esperando para continuar viviendo, pero esta vez, con sentido de vida.
MARIANO SANTORO