jueves, 19 de abril de 2018

Sembrando amor

Tierra hecha polvo, acumulándose tras transitar caminos con el fin de descubrir.
Y siempre hay algo más, nada se termina si uno sabe dejar huellas.
Mientras la vida gira, nosotros focalizamos el rumbo.
Los latidos del corazón marcan la intensidad de nuestros pasos.
Y cada acción, cada gesto, tiene su consecuencia.
Cada caricia, abrazo y beso, deja sentimientos en las personas.
La noche se hace luz cuando nos iluminamos interiormente.
Y es en el día, que nuestros sueños toman fuerza y valor.
Valorando los amaneceres, nos llenaremos de sabiduría.
El alimento necesario para crecer, es dar amor.
Cada semilla que dejamos en el camino, alguien las recogerá y se envolverán en su poder.
Todo es sanador, si uno está dispuesto a curarse.
Toda cicatriz se esfuma, cuando las marcas sólo son de las personas que nos acompañan.
El dolor se desvanece, porque el amor llega para vestir a las personas desnudas de cariño.
Sembrando amor, es la gran tarea diaria que nos permite evolucionar.
Hemos ido transformando lo que recibimos de la gente, para darle más importancia a la vida.
Y las manos bien saben extenderse para ayudar, porque en su esencia, siempre ha estado el dar.
El rostro de quien siembra, sabe que la sonrisa permanece hasta que ve los frutos y ahí, crece y contagia a quien admira lo que llega.
Nosotros hemos sido semilla y el adulto que vive hoy, sabe que heredamos lo que han sembrado con amor.
MARIANO SANTORO