viernes, 19 de julio de 2019

Dulce inocencia

Recuerdos de la dulce inocencia me traen a esos peluches que me hacían compañía cada noche, mirándome y cuidándome desde arriba del placard.
Mis fieles amigos que estaban y me sabían escuchar.
Abrazarme a alguno de ellos, abrazarme a los sueños que quería hacer realidad.
Dar mis primeros pasos sin saber el rumbo a seguir, pero sabiendo que el lugar que elija, tendrá su motivo.
Supe dejar huellas en cada espacio que pisé, aunque algunos no lo hayan valorado.
Nunca dejé de ser yo, porque mi esencia es transparente.
Y el niño que vive en mí, me sigue hablando y yo atento a sus consejos.
Aparecen desafíos y su compañía, al igual que los eternos peluches, me guían, me ayudan.
Las elecciones por tomar, siempre van de la mano del corazón.
La alegre inocencia de no sentir culpa y de disfrutar cada instante.
Brindo por mi luna amiga, que ha sabido mirar mi interior.
Las emociones se juntan, se amigan a cada rato y todo lo que vive en mí, se fusiona para una versión de lo que soy.
Brindo por los abrazos que debo a mucha gente y por los besos que me privé de dar.
La inocente timidez jamás me abandonó.
Quizás haya perdido algunas veces y las reconozco, pero valoro más el aprendizaje.
Ganar, es algo personal, no para competir.
Desconozco la vida sin compartir.
Y siempre me animaré a subir un escalón más; de treparme como buena Cabra que soy, a cualquier montaña.
Y sabré darle la merecida importancia al horizonte que me ilumine.
MARIANO SANTORO