lunes, 27 de febrero de 2017

Lugares

Lugares que uno ha visitado en algún momento de la historia y la mente nos permite regresar un rato.
Recorrer sitios por los que transitamos y aprendimos algunos secretos que se escondían en lo cotidiano.
Calles que renuevan recuerdos de tantas experiencias vividas en cada baldosa, algunas veces resbalosas para saber sortearlas.
Y cada lugar tiene algo especial por el cual nos agrada volver a caminar.
Paisajes que nos hablan y que hemos sabido dejar instantes que no realizamos lo que queríamos, por diferentes motivos.
La timidez siempre ha sido parte de ese crecimiento en el cual había que filtrar sentimientos para no salir herido.
Y muchas veces hemos atendido el teléfono a la adultez, pero el estado adolescente, nos atraía con su encanto especial.
Y espacial era lo que nos rodeaba.
Situaciones que no tenían explicación entre tanta vida terrenal.
Bancos que servían como breve descanso o para compartir los comienzos afectivos.
Besos que se robaban en los lugares menos pensado.
Adaptándonos a lo que la velocidad quería mientras las ganas deseaban más.
Lugares que nos hablan y recuerdan que hemos sido niños al tomar decisiones.
Y ese espíritu inocente, nos ha salvado varias veces.
El cuerpo crecía y la mente abría nuevas puertas ante tanta incertidumbre corporal.
Los cambios llegaban inmediatamente cuando recién aprendíamos el anterior paso que dimos.
Y entre tantas cosas que anhelábamos recorrer, nos hacíamos tiempo para nosotros.
Y entre todos los lugares, podíamos encontrar el espacio ideal para crecer interiormente.
El faro era tan real que cumplía su función mientras un enorme sol, abrigaba los sueños próximos a despertar.
MARIANO SANTORO