viernes, 7 de diciembre de 2018

Nacer, crecer, ser

Desde el primer instante que llegamos al mundo, hemos recibido una inmensa cantidad de amor incondicional y ese fue nuestro estilo de vida.
Emanamos todo el cariño que tantas veces llegaba para hacernos sentir bien.
Y así nos acostumbramos a vivir, porque dando lo mejor de uno, las demás personas tendrían la mejor versión de lo que somos.
Nacer con una misión y encontrarla a través de nuestro destino.
Emerger desde nuestras circunstancias y florecer.
Si el origen ha sido agradable, ese bienestar se multiplica.
Y es parte de nuestra naturaleza el hacer el bien y demostrar que se puede estar mejor.
Crecer con ganas de aprender de todo lo que nos rodea.
Maduramos en el desarrollo de nuestras emociones.
Y el corazón que bien sabe latir al cruzarse con personas a las cuales amamos, se agranda en calidad y en el dar.
Aparece la forma de nuestra esencia y fabrica verdaderos sentimientos.
Producimos una energía que sana y alimenta al ser.
Y la existencia se entretiene jugando como niños, viviendo en modo inocente.
Los valores con los que crecimos, germinan al tomar contacto con los que llegan para sumarse a nuestra vida.
Nos hicimos duros porque le dimos más importancia a la fe y saber que siempre había algo superior.
Y elevamos la mirada hacia lo divino y la luz eterna, nos protegió.
Siempre nos abrigó el amor genuino de la familia.
Y hoy, sale a la luz toda la hermosura del ser.
Desde la humildad, podemos agradecer y decir que nuestra existencia, es lo mejor que nos pudo haber pasado, porque disfrutamos el presente.
MARIANO SANTORO